07.09.2018 — 27.10.2018 -> Pròxima exposició!

Pere Llobera: Kill Your Darlings

Inauguració: divendres 7 de setembre de 2018 a les 19h




Help Me

Subíamos la Mola en Sant Llorenç del Munt diferentes amigos, familiares, niños y compañeras de trabajo. Justo el día antes pensé en la excursión y en sus múltiples posibilidades fuera de lo normal, me imaginé que una vez arriba veíamos como explotaba Sant Quirze, Sabadell y Terrassa al unísono, se llenaban de fuego y explosiones que subian a nuestra altura y nos saludaban. Estabamos viendo la destrucción en el mejor de los sitios, un mirador para divisar al demonio.

Los edificos explotaban y los añicos formaban preciosas palmeras de runa, fuego, humo y destellos. Los pinos, la maleza y las piedras sonreían y nosotros asustados boqueavamos en 4K.

De las altas temperaturas, ráfagas de fuego destrozaban barrios enteros como desaparece el pastel de Mickie Mouse en una abstracción veloz.

A los pocos minutos la absorción del oxigeno generó una lluvia ácida desgarrando las nubes como cascadas de ibuprofeno, cayendo en un sinfín orquestal de claps, toms y cajas, que rítmicamente cosían las ciudades. Podíamos divisar como explosionaban distritos enteros a causa de los conductos de gas, miles de setas ardiendo doblegando todo a su paso, licuando puentes, trenzando estaciones de tren y edificios gubernamentales.

Serpientes de luz latigueaban con sus descargas eléctricas el asfalto hirviendo, abriendo sexos de donde brotavan millones de piedras, convertidas en un acelerado proceso mineral en montañas de amatistas, valles de cuarzo y coliseos de pirita, donde avestruces criadas en cautividad, ahora fugadas, revoloteaban con sus plumas ardiendo en una perfecta adaptación del lago azul remezclado por Panero.
Llegaban tsunamis de drones sónicos, frecuencias que violaban nuestros oidos. Se dividían al descender por la trompa de Eustaquio, unas germinando en delays fosilizados y otras reverberaban en la cóclea produciendo instantáneamente un placer absoluto desde nuestras mandíbulas hasta las uñas de los pies de nuestros padres.

El tema es que al no poder bajar en mucho tiempo tendríamos hambre y nos preguntábamos a quién nos comeríamos primero, que si a los niños o a algún adulto sano (más comida por el mismo precio moral). Claro, yo voté por comernos primero a los niños (menos enfermedades, carne más tierna). Comer carne adulta era comer problemas. Si engullíesemos a J.G. comeríamos soriasis, y si se me comían, seguro morirían al poco tiempo. También defendía la idea de que los niños no tenían tantos recuerdos, ni nosotros de ellos, y que a su vez sería una muerte prematura y postnatura. Me trataron de José o André Bretón, qué más da, suena igual de bien. ¡Ah! Y que no eran mis hijos. Yo respondí que los niños son de todos.

Lo absurdo de las possibles decisiones venideras [había restaurantes cerca, animales, vegetales, más gente potencialmente comestible desconocida (aún menos carga moral)], me asombró porqué estaban totalmente relacionadas con !Viven!. Ya sabes los jugadores de rugby que cayeron en un accidente aereo en los Andes y no tardaron en comer carne humana. Esta toma de decisiones, se debía, creo, a la localización estratégica del lomo del libro en uno de los espacios con más visibilidad des de mi silla, en la mesa donde comíamos en mi casa familiar cuando era un niño comestible.

Al terminar el apocalipsis del Vallès bajamos de la montaña y empezamos a encontar los restos de Matadepera, montones de chalets retorcidos como rizomas y sus piscinas convertidas ahora en agujeros negros que succionavan ríos de metal líquido.

Ya llegando a Terrassa justo en la comisaria de los Mossos d’Esquadra comenzamos a divisar murales, collages y dibujos entre las ruinas. Seguíamos por las avenidas y estavan plagadas de nuevas obras, de arte aún fresco. Alguien, igual de oportuno que Bansky pero infinitamente menos subnormal aprovechó ese tiempo para exponer en el infierno. Relámpagos, superhéroes abatidos, ejércitos de gnomos y Bob Esponjas en ataudes con ruedas. ¿Pero cómo se podía generar ese legado en tan solo tres horas?.

Estuvimos buscando incansablemente supervivientes y nada, solo cuerpos pompeyanos, amalgamas de carne pasada rustida y ni un atisbo de lo que hasta ese momento entendíamos como vida.

Decidió autolesionarse soltando collages con trazas de pintura, ensambles y dibujos superpuestos. Destruyendo con realismos oleos pasados o articulando seres con lo primero que se encontró, ya fuera cartón, nubes de azúcar o barro. Prácticas vitales, con estigmas autoinducidos y accidentes planeados, que conforman adicción. La de comerse a uno mismo para salir de lo fácil.
Aquí encontramos un conjunto de Haikus “help me”, autoposesiones de un trabajador incansable, de alguien que es contexto en si mismo.

Antes de separarnos para mejorar la búsqueda Genís grito con todas sus fuerzas “Kill your darlings, Mama”.

– Sergi Botella




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