02.03.2018 — 05.05.2018

Mar García Albert: A Perpendicular Arrangement

Inauguració: divendres 2 de març de 2018 a les 19h




Una lista que puede ir cambiando

1. Pensar en términos de historia, pensar en qué recuperar, pensar en objetos, pensar en momentos. Sentir la necesidad de buscar entre los detalles, entre los descartes. Si fueron descartes, si es que algo puede considerarse descarte. Y empezar a componer. Componer desde una mirada casi de microscopio, empezando en un lugar —un almacén, por ejemplo— para ir tejiendo recorridos. Posibilidad de recorridos o de saltos en un esquema en permanente cambio. Asumir que toda construcción parte de un deseo o de una voluntad, también de esa opción que se abre como una vía de escape.

2. Arriba y abajo; enaltecer o desacralizar; revolver. Y el galerista futbolista, otra historia.
Por medio de la pintura, convertir en arte la ceja depilada y el moreno de salón del comentarista de futbol de la tele. La estética en todas sus acepciones (doctrina filosófica o tratamiento de embellecimiento del cuerpo). Al mismo tiempo, sacar un arte legítimo (o con pretensión de serlo) olvidado (que no acabó de cumplir la función para la que fue pensado en su momento) de un almacén y convertirlo en obstáculo en un espacio. Un obstáculo que impide mirar las cosas con distancia, que obliga a acercarse demasiado, a enfrentarse a la imagen del presentador televisivo convertida en objeto artístico legítimo. Objetos e imágenes que hacen recorridos inversos para encontrarse en un mismo espacio pero a alturas diferentes. Juntos pero no revueltos pero sí.

3. Obstáculo. Pensar en la idea de obstáculo, plantear un trabajo artístico casi como una molestia, casi como ese detalle que te obliga a dar un rodeo importante. Y entonces el tiempo, entonces el ser consciente del rodeo en sí, de la vuelta, del movimiento, de la toma de decisiones, de la importancia de la mirada, de cómo reaccionamos, de qué es lo que hay y no vemos.

3.2. El obstáculo es también lo que inspira. El rótulo de la pizzería, la pegatina de la ventana del metro. Está en medio del campo de visión pero nuestra memoria tiende a omitirlo de la imagen de conjunto. Aquí es protagonista, esta en el medio de verdad. Se afirma o se hace autónomo.

4. Texturas, embalajes. Mar García Albert y la mirada desde 0. Borrar todo. No, mejor, verlo todo para generar un recorrido distinto en el que lo aprendido deja paso a una modo de trabajo mediante sensaciones y deseos. Y entonces texturas y embalajes forman parte de lo mismo y son lo mismo y no importa que algo sea una categoría o una función. Todo puede ser todo. Y se desmontan los principios y las historias y no podemos mirar igual. Ni pensar igual.

5. Servirse del espacio y de lo que hay en él para reforzar una idea. Todo vale: el suelo, una mesa volcada, la vitrina, las paredes. La noción de circulación lo impregna todo. Circulación de la artista por la ciudad, del espectador en el espacio de exposición, de las categorías para definir el arte.

6. La imagen de unos cuadros colgados en troncos de pinos. En un paisaje del Vallès, ese lugar en el que cuatro pinos son un bosque. Y entonces —con los cuadros— serán también un museo, un monumento, la historicidad de los momentos desacomplejados.

6.2 La idea de lo portátil llevada al extremo. Montar una exposición como quien hace un picnic, el entorno acaba de darle sentido a todo: al lugar, a lo que se ve, a lo que se consume.

7. Los planos. La vertical y la horizontal. La creación de un espacio mediante dimensiones básicas para después desmontar mediante líneas de conexión. Y personajes, que la definición de algo así como un espacio pide de una serie de personajes que activen situaciones. El contexto y la situación y la interacción entre estos dos elementos. El contexto pide estudio, la situación pide acción. Como los cuadros en el estudio: del derecho o del revés, juntos o separados, aquí o allí. El discurso depende del momento, de la situación y de las relaciones que se hacen visibles en un instante preciso. No hay estabilidad sino movimiento y cambio. Y una pizza. Con mucho queso o con menos queso. A medio camino entre el plato y la boca. Y otra vez el presentador de la tele, con la camisa a punto de reventar y marcando paquete. Un cuadro de historia. Un cuadro.

8. “Y tratar de ocupar espacios no habituales”

9. Por un lado una idea de espacio que obliga a un nuevo funcionamiento y, por otro, una serie de ítems que se disparan desde la pintura. Y todo en relación. Pensar en la localización y pensar en el momento en que las imágenes aparecen. Imágenes y momentos —también— en las imágenes, como ese detalle en el fondo que en un principio puede pasar desapercibido pero se terminará convirtiendo en el elemento que define la imagen, que se carga el primer plano, que desmonta la narrativa que se había planteado.

10. La potencia de la imagen y su uso militar, la tradición pictórica para superar el tiempo. Y cómo las imágenes se han convertido en velocidad y cada vez és más fácil que contengan errores. Si es que las imágenes pueden contener errores.

11. Recordar un perro que era una pintura. Un perro que no era necesariamente goyesco. Un perro sin demasiado interés (si es que es posible tratar a los seres vivos por su “interés” o “falta de intererés”). En una pintura de Mar García Albert. También una selección, un gesto random que es la posibilidad de decidir desde la posición de artista. La posibilidad de apuntar a cosas para que permanezcan. Y allí está Mar, lanzando cosas al futuro.

12. Pinturas que terminarán en secar más adelante. La idea de permanencia también en proceso, también a la espera. Y cierto descontrol. Permitir el descontrol o la posibilidad de que algo siga. Era una exposición en La Capella, un espacio desacralizado pero que mantiene esa pausa y ese control de movimientos y miradas, ese control de la performatividad. Permitir también la incredulidad. Tocar la pintura para ver si realmente sigue húmeda. Ensuciarse y ensuciarlo todo. Convertirse en cómplice.

13. En esta exposición en sis galeria Mar García Albert se mueve entre la dificultad y la velocidad, entre el sentirse desubicado y el pensar la situación. Lanzando momentos que nos esperan agazapados, buscando ese momento en el que todo puede reaparecer. Trabajar en los límites y hacerlo sin miedo, desde una distancia muy muy corta que permite que sí, que sea posible.

14. La mirada subjetiva y el fijar el momento. El darle la vuelta al momento. El lograr que la posibilidad de algo más allá del lenguaje sea factible. Buscar que la imagen se separe del momento para ser imagen, o una nueva imagen, o un rastro de una imagen que empieza a cobrar vida más allá del momento.

– Glòria Guso — Martí Manen





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